Cuando la ficción refuerza los prejuicios
Bogdan y el peso de los estereotipos
¿Por qué estereotipamos?
Los expertos afirman que, nuestro cerebro necesita simplificar la realidad para ahorrar energía. El mundo es complejo y no podemos analizar cada detalle de cada persona que conocemos. Por eso aparecen los estereotipos: etiquetas rápidas que nos permiten sentirnos seguros.
El psicólogo Daniel Kahneman lo llama un “atajo mental”. No siempre es malo: a veces estos atajos nos ayudan a tomar decisiones rápidas. Pero el problema es, cuando convertimos esos atajos en juicios rígidos, dejamos de ver al otro como un individuo y lo reducimos a una caricatura.
¿Defensa o burla?
Aquí está el dilema. ¿Los estereotipos son una forma de defensa? En parte sí. Si yo pienso “los extranjeros son así”, me protejo del miedo a lo desconocido. Pero también son una burla cuando los usamos solo para reírnos, sin reconocer la dignidad del otro. En el caso de Bogdan, la novela le da un espacio para ser un hombre distinto, con inteligencia y misterio. La película, en cambio, elige la risa fácil, reforzando una visión limitada.
¿Se puede hacer lo contrario?
Claro que sí. El filósofo Álex Rovira suele decir que “contar historias diferentes crea mundos diferentes”. En lugar de repetir clichés, se puede mostrar lo inesperado. Un ejemplo: en Polonia, muchas veces se piensa en los latinoamericanos como pobres, ligados al crimen o a la droga, sobre todo cuando se habla de mexicanos o colombianos, reforzados del mismo modo por las series de Netflix. Pero también se podría mostrar al latino como médico, ingeniero, profesor, o simplemente como una persona común y trabajadora, rompiendo la caricatura.
Lo que aprendemos de Bogdan
El caso de Bogdan, nos enseña que un personaje puede ser puente entre culturas o puede ser usado para confirmar prejuicios. Depende de la mirada. Como dice Walter Riso, “la libertad emocional empieza cuando dejamos de juzgar al otro con etiquetas”. Y esa es la clave: entender que cada persona es mucho más que su nacionalidad o acento.
En conclusión: los estereotipos nacen de la necesidad de simplificar, pero se vuelven peligrosos cuando niegan la individualidad. La literatura tenía la oportunidad de abrir puertas, y la película eligió cerrarlas. La decisión está en nosotros: ¿reírnos del otro, o atrevernos a conocerlo de verdad?
_make_background_more.png)
Comentarios
Publicar un comentario