Herejía en el Nuevo Mundo: El primer condenado a muerte por la Inquisición en Lima (1572)
LIMA, PERÚ. TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO. 1572. —¿Eres hereje? ¿Sigues la doctrina de Lutero? —la pregunta del Inquisidor fue directa, sin preámbulos, y con mucha frialdad. Salado no dudó. Había pasado meses ensayando esta respuesta en la oscuridad de su celda. Sabía que su vida dependía de su confesión. —He estado en Sevilla… y he tratado con luteranos. Ellos me dieron una Biblia —declaró. El Inquisidor frunció el ceño; tratar con luteranos en España era una sentencia de muerte casi segura. —¿Niegas a la Iglesia? ¿Niegas sus sacramentos? Salado miró el crucifijo sobre la cabeza del Inquisidor. No veía en él un símbolo de fe, sino una herramienta de control, una imagen fabricada por manos humanas para exigir adoración. —¿Para qué adoramos una cruz… hecha por un platero con martillo? —replicó Salado. Su respuesta fue su sentencia de muerte. Cuestionaba la validez de la iconografía católica, pieza fundamental de la fe ...