El club de los invisibles: Fulano, Mengano y Zutano - Nivel B1
«Aquí no se premia la virtud ni el trabajo; se premia la intriga, el favor de Fulano, el parentesco con Zutano o las recomendaciones de Mengano. El que no tiene padrino, se muere de hambre en un rincón.»
Benito Pérez Galdós – Miau (1888)
Hay personas que aparecen constantemente en conversaciones pero que simplemente no existen. Juan Pérez es el ciudadano cualquiera, el titular de esos formularios de muestra que tenemos que rellenar. Pero si contamos una historia, Fulano es el nombre de alguien que acaba de aparecer. Mengano suele llegar detrás de él y, cuando la historia continúa, pueden aparecer Zutano o Perengano.
En la cultura anglosajona, John Smith representa al ciudadano promedio. John Doe o Jane Doe son expedientes, es decir, los nombres que la policía coloca en la etiqueta del dedo de un cadáver no identificado en la morgue, o el seudónimo de un testigo protegido en un juicio.
En otros países recurrieron al peso estadístico. En Polonia, Jan Kowalski y Anna Nowak combinan los nombres más habituales con apellidos que son bastante comunes. En Alemania llevaron el concepto a la literalidad técnica: Max Mustermann significa "hombre muestra" y figura en los ejemplos de licencias de conducir.
En el mundo hispanohablante, Juan Pérez puede representar a una persona cualquiera. Lo encontramos en formularios de prueba, documentos y situaciones hipotéticas donde la identidad no importa. Su uso se debe a la simple combinación de un nombre y apellido bastante común que funciona porque no transmite extravagancia.
Fulano, Mengano, Zutano y Perengano
Pero, ¿qué ocurre cuando necesitamos varios personajes anónimos en una historia? A diferencia de otros idiomas, el español construyó una jerarquía donde cada personaje tiene orden en aparición y un origen histórico completamente distinto.
Fulano es el primero al que recurrimos. Procede del árabe fulān, que significa "alguien" o "tal persona". Se usa para referirse a un desconocido y, según el tono, puede transmitir cierto desprecio.
Si necesitamos a un segundo involucrado, entra en escena Mengano, una hipótesis dice que viene de la expresión árabe man kān, cuya traducción sería "quien sea" o "el que sea". Con los siglos, se unió la pareja: Fulano y Mengano.
Si hace falta un tercero, entra Zutano o Sultano según la variante. Sus orígenes etimológicos son discutidos, pero su función es clara: añade otra persona a la historia.
Para cerrar la serie, queda Perengano. Algunas hipótesis lo vinculan con la fusión del apellido Pérez con Mengano. Sirve para lo mismo que los anteriores: referirse a alguien sin identificarlo.
La próxima vez que firmes un formulario de muestra con el nombre «Juan Pérez» o digas que «me lo contó un fulano», recuerda que estás utilizando una pequeña tradición del español. Personas que no existen, pero que aparecen constantemente cuando necesitamos hablar de alguien cuyo nombre no importa.

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