Cuando los expertos también tienen miedo - Nivel B2
Durante años he tenido muchos grupos de estudiantes de español, pero recuerdo especialmente a uno; era un grupo alegre, participativo, lleno de vida.
En ese grupo había un estudiante de unos treinta y tantos años. Durante las actividades en clase evadía la mirada de los demás, permanecía cabizbajo, en silencio. Cuando le tocaba hablar en español, se llenaba de nerviosismo y sus manos temblaban de forma evidente.
No discutía con nadie. Tampoco parecía tener problemas con sus compañeros. Solo daba la impresión de sentir miedo al hablar en público.
Después de pocas clases, dejó el grupo y pasó a otro que se reunía a la misma hora; allí estaba su mujer y, al parecer, se sentía más protegido.
No pretendo adivinar qué pasaba por su cabeza, tampoco intentaría diagnosticar a un alumno por lo que veo en una clase. Pero un dato se me quedó grabado: él era psicoterapeuta.
Pensamos que los profesionales de la salud mental son inmunes. Imaginamos que el psicólogo que trata la ansiedad jamás siente pánico; creemos que el terapeuta que te acompaña sabe superar cualquier pérdida sin romperse, y es un error. Un terapeuta sigue siendo una persona.
Conoce la teoría de la ansiedad, sí; pero su cuerpo reacciona igual que el de cualquiera. Entiende los mecanismos de la mente, pero sus emociones son como las de cualquier ser humano.
En su caso, yo solo lo vi unas pocas horas. No sabía cómo actuaba en su trabajo, con su familia o en su vida privada. Me interesó más otra cosa, la diferencia entre los entornos.
En su consulta, él tiene el control, un rol, una función clara, un paciente enfrente y un marco profesional que le da seguridad. Una clase de español es un terreno diferente; había nueve personas hablando a la vez, reaccionando sin un guion. Ahí sus defensas no servían.
Saber cómo funciona el miedo no evita que no lo sientas. Un profesor de economía puede pasarse años enseñando modelos de negocio y análisis de riesgos en la universidad y no ser capaz de gestionar o crear su propia empresa. Un profesor de idiomas conoce muchas técnicas de aprendizaje y, aun así, tiene problemas al aprender una lengua nueva; yo soy un ejemplo claro.
Cuando el problema nos toca a nosotros, perdemos la distancia. Es muy fácil aconsejar a un amigo; es dificilísimo mantener la calma cuando somos nosotros los que estamos en el problema.
Esa experiencia me cambió la mirada; durante algún tiempo no entendía la contradicción entre lo que él era y lo que hacía. Hoy sé que la contradicción no estaba en él; estaba en lo que se esperaba de él.
Esperamos que el médico no dude, que el profesor sepa todo y que el psicólogo no tenga miedo. Enseñar a otros a superar sus miedos no exige dejar de ser humano.
Ahora, cada vez que entro en contacto con alguien por primera vez, me recuerda que detrás de cada gesto de nerviosismo, miedo, indiferencia u otro sentimiento, hay una historia entera que no veo, y que la vulnerabilidad nos acompaña a todos, tengamos la profesión que sea.
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