Encabritarse, engorilarse: El zoo que llevamos dentro - Nivel B1
A veces mis alumnos se sorprenden cuando descubren cómo hablamos en español cuando nos enfadamos, queremos calificar a alguien o intentamos expresar una emoción muy concreta. Casi siempre terminamos hablando de animales.
Y es que hablamos de ellos todo el tiempo sin darnos cuenta.
Una persona puede ser un lince, un burro o una rata. También podemos tener mariposas en el estómago o caminar a paso de tortuga por la calle. El español cotidiano está lleno de bichos.
Usamos a los animales para referirnos de nosotros mismos: de nuestras virtudes, manías y, sobre todo, de nuestros defectos.
Cuando usamos un animal para describir a alguien, la idea se entiende al instante. Sin rodeos.
Animales para hablar de nuestras cualidades
A veces nos sirve para destacar una cualidad positiva:
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Ser un lince: Alguien muy agudo y perspicaz, que ve lo que otros pasan por alto.
"No hace falta ser un lince para ver lo que pasa aquí". -
Sentir mariposas en el estómago: Sentir nervios y cosquilleo, normalmente cuando estamos enamorados o ante una situación que nos emociona.
"Cada vez que lo veo siento mariposas en el estómago". -
Ser avispado: Ser una persona astuta, despierta y atenta.
"Es muy avispado; enseguida se da cuenta de lo que está pasando". -
Tener vista de águila: Tener una vista muy aguda, capaz de distinguir cosas que otros no ven.
"Tiene vista de águila; encontró el pequeño error en el documento". -
Estar hecho un toro: Estar muy fuerte o encontrarse en muy buena forma física.
"Después de tantos meses entrenando, está hecho un toro". -
Ser un zorro: Ser una persona astuta y hábil, especialmente para encontrar soluciones o salir de una situación complicada.
"Es un zorro; siempre encuentra la manera de salirse con la suya".
Pero nos resulta mucho más fácil usar a los animales para criticar. En el habla cotidiana encontramos muchas expresiones para señalar defectos o conductas molestas:
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Ser una rata: Ser una persona tacaña o alguien que actúa con malas intenciones.
"No seas rata y paga tú esta vez". -
Ser un burro: Ser una persona torpe o a quien le cuesta entender o aprender algo.
"Soy un burro para las matemáticas; por más que lo intento, no lo entiendo". -
Hablar como una cotorra: Hablar sin parar, de forma continua y, a veces, molesta.
"Habla como una cotorra; no ha parado desde que llegó". -
Tener la mosca detrás de la oreja: Sentir sospecha o estar alerta porque creemos que algo no va bien.
"Tengo la mosca detrás de la oreja; aquí hay algo que no me cuadra". -
Estar como una cabra: Hacer locuras o comportarse de una manera extravagante.
"Está como una cabra; se ha ido a trabajar en bicicleta con este frío". -
Ir a paso de tortuga: Avanzar con mucha lentitud.
"El proyecto va a paso de tortuga y nunca terminamos nada". -
Dar gato por liebre: Engañar a alguien dándole algo de menor valor de lo que había prometido.
"Me vendieron un móvil viejo como si fuera nuevo; me dieron gato por liebre". -
¿Tengo monos en la cara?: Pregunta que hacemos cuando alguien se nos queda mirando fijamente, como diciendo "¿qué miras?".
"¿Tengo monos en la cara? Llevas cinco minutos mirándome". -
Estar en la edad del pavo: Estar en la adolescencia, una etapa asociada tradicionalmente con cambios de humor, timidez y cierta torpeza.
"Está en la edad del pavo; un día está contento y al siguiente no quiere hablar con nadie". -
Ser un pelagatos: Ser una persona considerada de poca importancia o sin dinero.
"El novia de Olga gana muy poco dinero, es un pelagatos".
Cuando el animal se convierte en verbo
Algunos nombres de animales han terminado convirtiéndose en verbos. Los usamos para hablar de la manera de comportarnos, de enfadarnos o de insistir en algo.
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Emperrarse: Obstinarse o empeñarse en algo.
"Se ha emperrado en hacerlo a su manera". -
Engorilarse: Ponerse muy enfadado o agresivo. Es un verbo coloquial y de uso regional.
"Se engoriló cuando le dijeron que no podía entrar". -
Encabritarse: Enfadarse o rebelarse.
"Se encabritó cuando le dijeron que tenía que esperar".
Es curioso cómo seguimos utilizando la imagen del animal incluso cuando el animal ya ha desaparecido de la frase. No decimos que alguien se ha convertido literalmente en un perro, un gorila o un cabrito; utilizamos esas imágenes para describir una forma de actuar.
Un mismo animal no significa lo mismo en todas partes
Los animales son los mismos en todo el planeta, pero lo que pensamos de ellos cambia según el lugar y la historia de cada cultura.
En la antigua Grecia, la lechuza estaba asociada con la sabiduría. Sin embargo, en varias regiones de Hispanoamérica y en zonas rurales de Perú, la lechuza se ha vinculado tradicionalmente a la mala suerte al escuchar su canto cerca de una casa.
Lo mismo ocurre con el vocabulario regional.
En México, cuando alguien quiere decir que cada uno debe volver a sus asuntos, utiliza un refrán muy popular: "Ya, cada chango a su mecate" (donde chango es mono y mecate es cuerda). Si dices esa frase en España, probablemente entenderán las palabras, pero no necesariamente el sentido del refrán.
Lo que estos modismos dicen de nosotros
Si alguien te dice "no seas rata", no está dando una clase de zoología. En una sola frase te está diciendo que te considera tacaño, mezquino o despreciable.
Todas estas expresiones han sobrevivido durante siglos porque funcionan; se quedan pegadas en la memoria y dicen mucho más que cualquier definición formal del diccionario.
Aprender español no es solo memorizar listas de verbos o reglas de gramática; también es entender estas pequeñas imágenes que aparecen constantemente cuando hablamos.
Porque, aunque no nos demos cuenta, muchas veces hablamos en español como si lleváramos un pequeño zoo dentro.
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