¿Por qué llamamos así a los colores? B1+
Los nombres de los colores guardan muchas historias. A lo largo de los siglos, el vocabulario cambió con las creencias, las enfermedades, el comercio y la poesía. El latín, el germánico, el árabe y la medicina antigua dejaron huella en el español de hoy.
Los cimientos romanos
El español viene del latín, y buena parte de su vocabulario básico de colores viene de esa lengua:
- Verde (del latín virĭdis): Para un romano esto no era solo un color. Significaba "vigoroso", "vivo", "joven" o "lleno de fuerza". El verde era la naturaleza misma.
- Negro (del latín niger): Usaban esta palabra para el negro profundo y brillante. De la raíz niger sale el verbo denigrar, que literalmente significa "manchar o ennegrecer la reputación de alguien".
- Rojo (del latín russus): Al principio, russus definía solo un tono de rojo muy fuerte. Durante buena parte de la Edad Media, "rojo" todavía no era el término habitual en la península ibérica. Se preferían palabras como bermejo, colorado o encarnado.
Un síntoma médico: el amarillo viene de "amargo"
Viene del latín amarĕllus, un diminutivo de amarus (amargo). Durante siglos, los médicos creyeron en la teoría de los humores corporales. La bilis amarilla se asociaba con lo amargo. Cuando el hígado o la vesícula fallaban, el paciente enfermaba de ictericia y la piel se le ponía amarilla. La asociación entre lo amarillo, la bilis y su sabor amargo contribuyó a que esta palabra terminara designando el color.
Guerreros y comerciantes: germanos, árabes y persas
El español es una lengua de mezcla. Cuando el Imperio Romano cayó, llegaron nuevos pueblos a la península, el comercio creció y el vocabulario fue cambiando con la época.
El blanco
En el latín clásico, la palabra para el color de la nieve era albus. De ahí guardamos palabras como alba (la primera luz del día) o el adjetivo poético albo. En la Edad Media llegó al castellano una palabra germánica, blank, relacionada con la idea de algo brillante. Con el tiempo, "blanco" se convirtió en la palabra habitual para este color, mientras que albo quedó para usos literarios.
Piedras preciosas y frutas exóticas: azul y naranja
Gracias a la influencia cultural y comercial de al-Ándalus, el español sumó tonos que el latín no nombraba bien:
- Azul: El término árabe lazawárd, procedente del persa, estaba relacionado con el nombre del lapislázuli, la piedra azul traída de Oriente.
- Naranja: Nació como el nombre de un fruto que trajeron los árabes (naranǧa, del persa nārang). La fruta le dio el nombre al color.
El rosa: de flor silvestre a color propio
Con casi todos los colores somos prácticos: tomamos una base y le añadimos un matiz ("verde claro", "azul oscuro"). Pero con la versión clara del rojo hicimos una excepción y le dimos un nombre propio: rosa.
- Origen botánico: La palabra rosa proviene directamente del latín (rŏsa) y al principio se refería solo a la flor. Con el tiempo, el castellano fue desarrollando adjetivos y usos para señalar su matiz cromático.
- Independencia: Las lenguas suelen incorporar los nombres básicos de los colores siguiendo ciertos patrones. El rosa fue de los últimos en independizarse hasta consolidarse como categoría cromática propia.
- Evolución cultural: Su vinculación estricta con lo femenino o masculino no ha sido fija a lo largo del tiempo. Las asociaciones culturales del rosa han variado según la época, la moda y el contexto social.
Cuando el negro deja de ser solo un color
La palabra negro aparece en muchas expresiones del español con significados que ya no tienen relación directa con el color. El negro con el tiempo tuvo asociaciones negativas: dificultad, peligro, ilegalidad, tristeza o rechazo. Algunas expresiones están además relacionadas con la historia de la esclavitud y la discriminación.
- Trabajar como un negro: Significa trabajar muchísimo o realizar un trabajo muy duro. La expresión está relacionada con la historia de la esclavitud. Su carga histórica ha provocado debates sobre el uso de esta expresión.
- Ser un negrero / una negrera: En el pasado, esta palabra definía a la persona que compraba y vendía esclavos. Hoy se usa en el lenguaje popular para criticar a un jefe cruel o a un empleador que explota a sus trabajadores.
- Dinero negro: Se refiere al dinero que no se declara a las autoridades para evitar el pago de impuestos. También puede utilizarse para hablar de dinero procedente de actividades ilegales.
- Mercado negro: Empleo informal, fuera de la ley, donde el trabajador no tiene contrato, seguro ni derechos laborales.
- Trabajo en negro: Empleo informal, fuera de la ley, donde el trabajador no tiene contrato, seguro ni derechos laborales.
- Lista negra: Registro secreto de personas, empresas o países considerados peligrosos, sospechosos o directamente vetados.
- Humor negro: Se refiere a un tipo de humor que trata con ironía o comicidad asuntos considerados graves, trágicos o tabú.
- Tener el alma negra: Es una expresión que presenta a una persona como malvada, cruel o de malas intenciones.
Ejemplo: Los programadores de la empresa tuvieron que trabajar como negros todo el fin de semana para entregar la aplicación.
Ejemplo: El dueño de la empresa es un negrero: no paga horas extra y amenaza con despedir a quien proteste.
Ejemplo: La empresa pagaba parte del sueldo en dinero negro para evadir impuestos.
Ejemplo: Cuando las medicinas desaparecieron de los hospitales, la gente tuvo que comprarlas en el mercado negro a precios absurdos.
Ejemplo: Al llegar al país sin visado, solo pudo conseguir un trabajo en negro en un almacén.
Ejemplo: Tras la huelga, la gerencia puso a los líderes sindicales en una lista negra para que nadie en la ciudad volviera a contratarlos.
Ejemplo: A ella no le interesan las historias de amor; prefiere el humor negro porque muestra la parte más oscura de los personajes.
Ejemplo: Ese tipo tiene el alma negra: le quitó el negocio a su mejor amigo mientras estaba en el hospital.
El "mar de vino oscuro": cómo los griegos veían el mundo
En la Odisea, Homero describe el mar como oînops póntos, "mar de vino oscuro". Platón tampoco incluía el azul entre sus colores primarios; prefería hablar de blanco, negro, rojo y "lo brillante".
Para los griegos antiguos, los colores no se organizaban necesariamente según las categorías de tonalidad que utilizamos hoy. En sus descripciones podían tener importancia el brillo, la luminosidad, la textura, el contraste o incluso el aspecto cambiante de una superficie. Por eso Homero podía describir el mar mediante una expresión como "mar de vino oscuro" sin que eso significara que sus ojos percibían un mundo sin azul.
No elegimos estos nombres siguiendo una teoría sobre los colores. Los heredamos de distintas épocas: de las lenguas antiguas, de la medicina, del comercio y de los contactos entre pueblos. El vocabulario del español conserva muchas de esas historias, aunque normalmente no nos damos cuenta cuando pronunciamos una palabra tan cotidiana como "verde", "blanco" o "amarillo".
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