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Peruanismos: palabras y expresiones curiosas - Nivel B2

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Llegué a Polonia en septiembre de 2006 y al poco tiempo empecé a enseñar español. Durante años me he enfocado en el español neutro, el de manual. Ese que sigue al pie de la letra las reglas de la RAE y te sirve para comunicarte en cualquier país hispanohablante. En ese camino dejé de usar mi propia jerga, mis peruanismos. Pero la verdad es que la forma de hablar de tu tierra siempre se extraña (o se echa de menos, como dicen en España) . Mucha gente que estudia español comete el error de dividir el idioma solo en dos bloques: el de España y el de Hispanoamérica. Es un mito. No existe un "español hispanoamericano" único. Cada país tiene sus propios regionalismos, por eso decidí escribir este post sobre palabras y expresiones características del Perú. El español del Perú tiene una personalidad propia. Cambia palabras, inventa verbos y usa la comida para explicar la vida. Si quieres entender a la gente en Perú —y sonar como alguien de allá—, necesitas conocer estas expresion...

¿De verdad olemos por la nariz? - Nivel B2

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“Gracias a la vida” de Violeta Parra es un agradecimiento por los sentidos, el pensamiento, el amor y la experiencia humana. Cada vez que analizo esa letra en mis clases de español, leemos cada verso, hablamos del oído, de la vista, del tacto. Y cuando llega la pregunta: «Si tuvieras que perder uno de tus cinco sentidos para siempre, ¿cuál elegirías?» Casi todos respondieron lo mismo sin dudar: el olfato. Para la mayoría, es un sentido prescindible, de segunda categoría frente a la vista o el oído. Pero esa respuesta me dejó pensando; me puse a investigar y descubrí que vivimos a ciegas sobre lo que hace nuestro infravalorado olfato. El aviso que no ves El gas natural que llega a tu cocina es invisible e inodoro en su estado original. Si tuvieras una fuga en casa, podrías morir asfixiado o por una explosión. Por eso las empresas químicas le añaden a propósito una sustancia pestilente llamada mercaptano . Su única función es que lo detectes a tiempo y reacciones. Pasa lo mi...

El club de los invisibles: Fulano, Mengano y Zutano - Nivel B1

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«Aquí no se premia la virtud ni el trabajo; se premia la intriga, el favor de Fulano , el parentesco con Zutano o las recomendaciones de Mengano . El que no tiene padrino, se muere de hambre en un rincón.» Benito Pérez Galdós – Miau (1888)    Hay personas que aparecen constantemente en conversaciones pero que simplemente no existen. Juan Pérez es el ciudadano cualquiera, el titular de esos formularios de muestra que tenemos que rellenar. Pero si contamos una historia, Fulano es el nombre de alguien que acaba de aparecer. Mengano suele llegar detrás de él y, cuando la historia continúa, pueden aparecer Zutano o Perengano . En la cultura anglosajona, John Smith representa al ciudadano promedio. John Doe o Jane Doe son expedientes, es decir, los nombres que la policía coloca en la etiqueta del dedo de un cadáver no identificado en la morgue, o el seudónimo de un testigo protegido en un juicio. En otros países recurrieron al peso estadístico. En Polonia, Jan Kow...

La historia de la palabra robot: de las lenguas eslavas al mundo moderno - Nivel B1+

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Karel Čapek llevaba horas frente al escritorio; su obra estaba casi terminada, pero había un problema inesperado: sus criaturas aún no tenían nombre. Pensó en llamarlas labori , del latín labor , que significa trabajo. La palabra sonaba fría, académica; no sonaba bien. Karel fue a buscar a su hermano Josef, un pintor y escritor. En ese momento, Josef estaba frente al lienzo, con un pincel entre los dientes. Karel le contó su problema. Josef ni siquiera soltó el pincel y solo murmuró una palabra: —Pues llámalos robots . Y así quedó. Para entender qué significaba realmente el origen checo de esa palabra, hay que mirar su raíz. Robota no significaba simplemente "trabajo". Era el trabajo obligatorio que los campesinos debían realizar gratuitamente para el señor feudal: una forma de servidumbre conocida como corvea. Los robots de Čapek, en su novela, no eran metálicos. No tenían tuercas, ni cables, ni engranajes de acero; eran criaturas orgánicas. Čapek los imaginó c...

El Club Macaroni: la extravagante moda que hizo temblar la masculinidad británica del siglo XVIII - Nivel B1+

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En la Inglaterra de 1764, si querías demostrar que pertenecías a la alta sociedad, tenías que hacer un tour por Italia. El problema fue que algunos jóvenes aristócratas regresaron de ese viaje con modales bastante refinados y una fijación casi obsesiva por un plato relativamente extravagante para los británicos de la época: los macarrones. No pasó mucho tiempo antes de que en el club Almack’s los bautizaran, en tono burlón, como el Club Macaroni. Aquellos muchachos no querían pasar desapercibidos. Salían a la calle para llamar la atención a cualquier precio. Llevaban pelucas gigantescas, medían más de veinte centímetros de altura y las cubrían con harina de trigo; eran tan altas que el sombrero no entraba en la cabeza; tenían que llevarlo en la mano. Se pintaban la cara con colorete. Usaban perfumes fuertes, zapatos con tacón rojo y dos relojes de bolsillo al mismo tiempo. Solo querían que todo se viera simétrico. Para muchos londinenses, aquella apariencia resultaba extrañ...

La celda que salvó a un prisionero: la increíble historia del hombre que sobrevivió a la peor erupción del siglo XX - Nivel B2

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Saint-Pierre, Martinica. 8 de mayo de 1902. Ludger estaba tirado en el suelo de tierra. Oscuridad total. Afuera acababa de amanecer, pero dentro del calabozo no entraba nada de luz. Solo una ranura muy fina en la parte alta de la puerta de hierro dejaba pasar un poco de aire. Y entonces retumbó el suelo. No era un trueno normal. La tierra tembló y un rugido rompió el silencio de Saint-Pierre. Ludger se levantó de un salto. Tocó la piedra de la pared. Estaba hirviendo. En un segundo, la ranura de la puerta se puso roja. Un soplo de aire ardiente entró en la celda. Más de mil grados de temperatura. Ludger sintió cómo la piel de su espalda se encogía, se quemaba. Gritó de dolor. Reaccionó por puro instinto. Se arrancó la camisa, orinó sobre la tela con desesperación y la pegó contra la ranura para tapar el vapor tóxico. Afuera, el Monte Pelée acababa de erupcionar. Una nube negra de gas y ceniza ardiente bajó por la montaña a seiscientos kilómetros por hora. La nube cubrió l...

¿Te comerías los pecados de un muerto por seis peniques? B2

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Un plato de madera sobre el pecho del cadáver, una rebanada de pan seco y un vaso de cerveza negra. —Accipite et comedite —susurró Richard Munslow en la puerta de la casa. Su voz era fría, como el aire del condado de Salop. Munslow no era un sacerdote; tenía las manos manchadas de tierra, propias de un granjero. Se acercó al cuerpo. Tomó el pan. La miga dura había absorbido el sudor frío del muerto. Sin dudar, puso el pan en su boca, masticó despacio y bebió la cerveza de un solo trago. No hubo bendiciones en latín ni oraciones litúrgicas. Solo pronunció una frase corta: —Doy alivio y descanso a tu alma; por ella te doy la mía. No vuelvas por nuestros caminos. Unos segundos después, unas monedas cayeron sobre la mesa. Nadie le dio la mano. La familia del difunto caminó hacia las esquinas de la habitación, evitando tocar a Munslow. Para esa gente, el hombre ya no era un vecino: era un cuerpo lleno de secretos, mentiras y deudas de otra persona. Un hombre contaminado. ...